Palabr(ar)ota | Lorca movido y bailao
Por Cósimo Mandrillo
18/09/2026.- Confieso que nunca he sido muy amigo de esa propuesta teatral según la cual el público es parte del espectáculo. Prefiero ver, cómodamente sentado en la platea, que algo interesante suceda en el escenario, en vez de que me estén moviendo, meneando y poniéndome a bailar.
Confieso también que toda esa predisposición se me vino al suelo frente al montaje sobre Lorca de la Compañía Nacional de Teatro, que lleva por título Granada, traición y crimen.
En este montaje, el público acompaña las transiciones desde un espacio a otro, en un ritual de participación en el cual, sin perder el rol de espectador, uno se siente involucrado en un mecanismo que avanza indetenible hacia la recuperación de la figura del Federico García Lorca asesinado por el fascismo, con un incremento sostenido de la tensión narrativa, del terror y de la esperada presencia del crimen final.
Pero no se piense que se trata de un cuento realista que sigue mansamente los hechos históricos. No, el guion establece un inesperado paralelismo entre la historia “real” con esa otra construida a partir de la obra misma del poeta. El resultado es magia.
Desde unas lavanderas que chapotean en un espejo de agua y cantan como los ángeles —perdón por el lugar común—; hasta unos temibles soldados, que son en realidad soldadas —con la venia de la RAE—.
Entre esos dos extremos del montaje, se suceden cuadros de extraordinaria belleza visual, de maestría actoral y de un despliegue musical perfectamente integrado a la propuesta escénica.
Un recorrido, en fin, por un espectro de emociones donde nada queda fuera, ni la belleza escenográfica, ni la sorpresa, ni el miedo, ni la rabia.
Si aún no la ha visto, aproveche las 3 funciones adicionales que anuncia la Compañía Nacional de Teatro. Tal vez tenga tanta suerte como yo y lo saque a bailar Francis Rueda.
Cósimo Mandrillo
Etiquetas
Compartir











