Letra fría | Los destajos

03/11/2023.- La decisión de no aceptar entrar en la nómina de Mavesa, que significaba un estatus y buenos dividendos laborales, tuvo sus bemoles. Después de unos cuantos años en la compañía hubiese obtenido una buena suma en prestaciones a la hora de la liquidación, aunque a decir verdad, fui generosamente bonificado a la hora de las chiquiticas, pero lo bueno fue que pude tener otras actividades a destajo, que me permitieron nuevos desarrollos profesionales. En el año 87 fui requerido por la periodista María José Valenciano para manejar la pauta publicitaria de Afaca, la revista de la Asociación Venezolana de Fabricantes de Alimentos Concentrados para Animales. Más allá de mis aptitudes de vender publicidad en ese mercado por mis contactos durante mi gestión en la revista de Fedeagro, y el éxito que obtuvimos en aquella faena, un día me confesó que a su padre le gustaba el trago, tanto como a mí. Las oficinas quedaban en el CCCT y allí fui a parar con mi diseñador estrella, Andrés Salazar, que ya hacía lo suyo en Mavesa, y veníamos juntos de la editorial Rayuela. El día de la presentación del primer número de la revista en el Macuto Sheraton, fue la primera vez que vi al Andrés enflusado. También recuerdo que hice Swing Latino en Radio Suave con mi pana Ángel Méndez, dueño de la idea, y Serenella Rosas, hija de mi profesor y amigo poeta, Jesús Rosas Marcano. Y otro con los maestros periodistas Segundo Cazalis y Pedro Espinoza Troconis, en una emisora que queda en Concresa.

No recuerdo mucho, si fue antes o después, que Laurentzi Odriozola, (a quien había conocido con su novia Poema, en casa del periodista Víctor Suárez), que resultó ser gran amigo de Carmen Elena Maciá de Mavesa, y así se estrecharon los vínculos en varios almuerzos por relaciones públicas, hasta el punto que me propuso cuatro páginas centrales en Reporte, Diario de la Economía, que dirigía su buen amigo Rodolfo Schmidt, recientemente fallecido, y con quien yo había trabajado en El Diario de Caracas. El “Lauren” me invitó un día a Juan Sebastian Bar, llegó muy amable y me dijo: “Yo sé que tú ganas mucho dinero en Mavesa, pero hemos decidido pagarte 25.000 bolívares mensuales por un dominical de cuatro páginas centrales que se llamen La Noche”. Y acepté.

La Noche fue una experiencia increíble, tres años de arduo trabajo nocturno, fiestas de toda índole, incluyendo las embajadas, sobre todo la de Japón en la que era invitado especial del embajador Jutaro Sakamoto, un espíritu superior, definitivamente. La primera vez que me tocó entrevistarlo, nos pusimos a conversar de nuestras estancias en Bogotá, él estudiando en la exclusiva Universidad de Los Andes y yo en la Javeriana, mucha cháchara y poca entrevista, que si le gustaba mucho el whisky o de las bromas de sus compañeros, que lo mandaban a decirle a las muchachas: “Dame culo” y todos se desternillaban de la risa. Total que al salir, pedí folletos y otros insumos a su secretaria, la señorita Placer, para medio armar la doble página central, pero recordé que en una de esas dijo: “No queremos ayudar, queremos cooperar”, y ese fue el gran titular a ocho columnas. El lunes a media mañana me llamó para decirme: “Humberto Márquez ser muy importante periodista, entrevista a embajador Sakamoto y presidente Pérez, llamar a embajador para felicitarlo”. Al mes siguiente andaba yo volando en primera clase de Japan Airlines, y empezaba mi excursión por Tokyo, Kyoto, Nagoya e Hiroshima, especialmente, invitado por 17 días con todos los gastos pagos. Jeje.

Humberto Márquez

 


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