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Plaza Morelos | Estrella del Orinoco

Por Ismael Hernández


23/08/2026.- Emilio Carballido (Veracruz, México; 1925-2008) es uno de los escritores más importantes del siglo XX mexicano, por la profundidad, impacto y vastedad de su producción. Su relación con Venezuela fue muy cercana, al punto de hacerla tema de una obra teatral. Carballido fue realmente prolífico, escribió más de ciento cincuenta obras teatrales, cerca de cuarenta guiones de películas, nueve novelas, dos volúmenes de cuentos, tres libros infantiles y guiones para ballet y ópera. A ello hay que sumar que escribió innumerables ensayos, artículos y reseñas en revistas y periódicos. También fue un gran promotor cultural y docente. Fue subdirector de la Escuela de Cine de la Universidad Veracruzana, docente y director de la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes. Dictó cursos y conferencias en varios países del mundo. Fundó y dirigió la revista de cultura teatral Tramoya de la Universidad Veracruzana, considerada por muchos la más importante en nuestro idioma. 

Recibió innumerables premios y distinciones, entre ellos el Premio Casa de las Américas, Premio Nacional de Ciencias y Artes, dos premios Ariel por guion y trayectoria cinematográfica y el premio Ollantay, otorgado en Caracas en 1983 por su revista Tramoya. No menos impactante que su obra es su huella como ser humano. Carballido dominaba el arte de hacer amigos y formar discípulos en todas partes. Compiló, y prologó, diversas antologías de teatro joven, donde dio a conocer los nuevos talentos, y también hizo antologías de obras olvidadas, incluso hizo una antología de teatro obrero. 

Carballido era reconocido y querido por sus colegas y discípulos, y también por el público. Quizá sea el autor teatral más representado en México desde hace décadas por profesionales, lo mismo que en cientos de escuelas secundarias y de bachillerato cada año. 

Destaca su relación con Venezuela, pues era asiduo invitado del Festival Internacional de Teatro de Caracas que organizaba El Ateneo de Caracas. Tuvo una gran amistad con la comunidad teatral venezolana, especialmente con el grupo Rajatabla. También dictó talleres y conferencias, y asistió a los ensayos y estrenos de varias de sus obras. En Tramoya difundió ampliamente el teatro venezolano. 

Su estrecha relación con Venezuela quedó plasmada en Orinoco, escrita en 1979 y estrenada el 12 de octubre de 1982 en el teatro Alberto Paz y Mateos, en Caracas. Fue montada por el Nuevo Grupo con la dirección de Román Chalbaud y las actuaciones de Aura Rivas como Mina y Nelly Garzón como Fifí. 

Orinoco trata de dos bailarinas de cabaret que van a bordo de un barco carguero hacia un campo petrolero, y que han sido contratadas para entretener a los obreros y aventureros del lugar bailando desnudas. Una de ellas, Mina, está llegando a los 50 años y Fifí está llegando a los 30, son amigas y amantes, juntas han pasado mil peripecias y ahora van en el Setella Maris rumbo a un sitio donde seguramente terminarán ejerciendo la prostitución. Un hecho violento hace desaparecer a toda la tripulación y las deja solas con un negro herido del que terminan enamoradas. Quedan a la deriva, flotando en el Orinoco lleno de caimanes, enfrentadas al problema de pilotar el barco sin saber hacerlo y sin saber cómo llegar a su destino. En ese momento sus vidas también quedan a la deriva, pues ya no están obligadas a llegar al campo petrolero, pueden ir a donde quieran, dedicarse al oficio que quieran, volver a empezar. Ahí se enfrentan Mina con sus años y su desesperanza, para quién el río y la vida siempre la llevarán hacia ninguna parte, y Fifí con su juventud, que siempre ve una salida a las situaciones más oscuras. Al final se impone Fifí diciendo: “¡Llevamos rumbo! ¡Y falta lo más hermoso todavía!”. Como símbolo rebautizan al barco como Estrella del Orinoco. 

Carballido es reconocido como una especie de cronista de la vida cotidiana en México, incluyendo la manera de hablar. En Orinoco salió de ese esquema y adoptó con naturalidad y destreza el modo de hablar del venezolano de a pie. También encontramos ahí la omnipresencia del petróleo en la historia venezolana y su poder corruptor en abierto contraste con la belleza natural del río, la vegetación y los amaneceres multicolores, es decir, Venezuela como paraíso terrenal. Es notable también que el héroe de la historia es un negro. Carballido buscó captar el alma de Venezuela, sus dramas y sus luchas, y a nuestro juicio lo logró. Ahí vemos su enorme amor por los países hermanos de América Latina pues, como él dijo: “Todos somos casi provincias de un mismo país espiritual”.  

En Orinoco tenemos una muestra de toda la obra de Carballido: el humor, la capacidad de captar el lenguaje y la vida cotidiana, su protesta ante la injusticia social, su defensa del amor en cualquiera de sus expresiones y la lucha entre el miedo y la esperanza. Escuchemos su mensaje: aunque nos sintamos perdidos, confiemos en que llevamos rumbo hacia un destino mejor.