Letra invitada | El Perú que quiero

28/05/2023.- Es desgarrador que ocho de cada diez peruanos haya muerto en los últimos treinta años sin ver que la discriminación y el racismo en nuestra patria disminuya. Si nos aproximamos a los lugares menos visibles o, mejor dicho, a aquellos invisibilizados por el sistema neoliberal, veremos que, en las últimas tres décadas, la pobreza y el bienestar de los más de treinta millones de compatriotas ha empeorado. Ahí están los testimonios de los más de diez millones de hermanos provincianos que viven en Lima, perdiendo cuatro horas de su vida al día por tener que estar sometidos al nefasto sistema de transportes que empezó con las peores decisiones que tomó el dictador Alberto Fujimori. Ahí están los dos millones y medio de provincianos que no tienen agua ni desagüe en la gran capital, en la que un puñado de burgueses defiende un plan que se cae a pedazos y que ha destruido al que un día fue el Imperio de los Hijos del Sol, es decir, a nosotros, a los mestizos y herederos del imperio Inca.

¿Cuál es la razón por la que el Perú no ha visto hasta hoy un verdadero progreso? Esta es la pregunta que se puede empezar a responder con el llamado que nos hacía Antonio Machado: "Haced política, porque, si no la hacéis, alguien la hará por vosotros y probablemente contra vosotros". Esta ha sido una de las razones por las que el Perú, en los últimos doscientos años, ha tenido que ser víctima de los que se han apoderado de nuestros sueños e ilusiones. Un grupo burgués, elitista, mercantilista y con clara conciencia de su clase social, ha robado el quehacer político, se ha erigido en el dueño del ágora y ha convertido la política en clientelismo, la ha desfigurado al punto de que, de cada diez, nueve compatriotas en el Perú ni les importa ni quieren saber nada del accionar político. ¿Hay algún costo a pagar por esta desidia? El majestuoso y sempiterno Platón nos exhorta desde el Olimpo para responder esta pregunta: "El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres".

Tengo un sueño como el que tuvo Martin Luther King, sí, I have a dream! Quiero un Perú en el que el Tren del Sol una a ese Tumbes olvidado y sea usado con la heroica y siempre valiente Tacna. Sueño con que no haya un solo peruano que le falte agua y desagüe. Sueño que todos tengan sus títulos de propiedad para que con ellos cada peruano tenga un capital y al mismo tiempo reinvierta en el suelo que lo vio nacer. Sueño con que todo el Ande pueda traer sus productos a la costa sin sentirse extraños en su propia tierra; que esos productos, que se producen hoy en las alturas, lleguen a nuestras costas rápidamente a través de vías terrestres de primer nivel y no como las que hoy tenemos. Sueño con que los recursos naturales estratégicos sean nuestros, es decir, nacionalizados, para que nunca más se nos robe el litio, el gas, el uranio o los metales preciosos como el oro y la plata. Sueño y quiero un Perú que se construya con una nueva Constitución en la que estén las voces de los trabajadores, de los campesinos, de los maestros, de los obreros, de los pescadores, de los comerciantes, de las minorías colectivas, de los microempresarios y la de todos los emprendedores que hoy solo han sido usados y explotados por los burgueses.

Sueño con un país nuevo, moderno y socialista, como nos enseñó Jesús: nunca descuidar el aquí por el más allá.

Sueño también que, en este nuevo Perú, nos sentemos con los empresarios y con los burgueses, pero con las reglas claras en las que se vea y se sienta que el verdadero amo es el pueblo y no una casta, una clase social, ni mucho menos una oligarquía.

Quiero un Perú en el que se desarrolle industria, como la industria de la refinación del cobre, sostenible y responsable, generando beneficios económicos al país y contribuyendo a las comunidades locales y al cuidado del medioambiente. Sueño y haré que el Perú no tenga ni un solo delincuente y si para ello debo dejar la propia vida, lo haré. No me temblará ni la mano ni la voz para castigar a los criminales de toda calaña, sean poderosos o no, porque durante toda mi vida he demostrado valentía y coraje; ahí está, como ejemplo, mi juicio en el que me encontraron y declararon inocente; ahí está mi lucha contra la jerarquía de la Iglesia católica y sus negocios sucios, oscuros y delincuenciales.

Quiero, sueño y haré que el Perú tenga una educación de excelencia y equidad, para que ese 56 % de niños de diez años que no entiende lo que lee sea solucionado por completo. No más sueldos de hambre para los maestros, no más maltrato para la Derrama Magisterial, no más una educación privilegiada para el que tiene dinero y pertenece a una clase social alta, solamente. El Perú puede y tendrá la mejor educación del mundo no solo con inversión pública y privada (y mixta), sino también con una clara estrategia de concreción a inmediato, mediano y largo plazo.

Sueño y tendremos una salud de nivel altísimo, para que nunca más un peruano muera por falta de oxígeno, como así lo permitió Vizcarra con los más de doscientos mil compatriotas que murieron a consecuencia de un Estado fallido, que solo fue usado por las clases dominantes en aras de su macabro beneficio y perpetuación. El covid no fue la causa; la causa de los doscientos mil peruanos muertos fue que, durante más de doscientos años, nunca a los gobernantes les interesó el trabajador, el obrero, el empleado, el agricultor o el campesino, sino tan solo oprimir, aplastar y matar, si era necesario, para que su clase sea la dueña de su jungla, de su chacra.

Este es el Perú que sueño, quiero y haremos juntos, para que con los más de treinta millones de peruanos construyamos la patria grande, esa patria que por más de doscientos años debió ser levantada, construida y amada por el pueblo, por sus integrantes.

Hoy juro, por mi sangre mestiza que, en mi gobierno, transformaré el Perú como lo hizo Pachacútec, Huayna Cápac y, sobre todo, Túpac Yupanqui.

Audentes fortuna iuvat.

 

 

Continuará…

 

 

Luis Alejandro Balazar García


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