Palabr(ar)ota | La neutralidad de Alberto Fernández

25/07/2024.- ¿Hay alguien en Argentina que respete políticamente a Alberto Fernández?

El silencio no ha sido nunca cualidad de los políticos, pero uno no se cansa de esperar que alguien con un desempeño tan lamentable como presidente de su país; alguien que dilapidó hasta anularlo el capital político, mucho o poco, de su partido; alguien a quien ni sirios ni troyanos –y mucho menos argentinos– se atreven a defender; uno no se cansa, digo, de esperar que por lo menos por un rato opte por callarse la boca.

Hoy por hoy, con seguridad es más fácil identificar un planeta con vida en el espacio sideral que encontrar a alguien que diga algo positivo de Alberto Fernández, y basta con darse una paseadita por los medios digitales argentinos para comprobar que quien no denuesta de él simplemente lo ignora.

Hay en internet una respuesta genial de un compatriota de Alberto Fernández al tuit que este subió a la red, refiriéndose a las elecciones venezolanas, por cuyo motivo se le retiró la invitación para que sirviera de veedor en el proceso electoral del próximo domingo.

En ese tuit de respuesta, se le recuerda que, siendo presidente de Argentina, tardó dos años y medio en restablecer relaciones diplomáticas con Venezuela y que le costó un mundo abandonar el excrementicio Grupo de Lima, a pesar de que era meridianamente claro de que se trataba de un grupo intervencionista alineado con lo más detestable de la derecha mundial.

Por si todo eso fuese poco, Alberto Fernández no dijo nunca esta boca es mía para fijar posición contra el atropello que elementos del sistema judicial de su país estaban cometiendo en el caso del avión de Emtrasur.

Que hoy quiera exhibirse como un impoluto neutral no le cuadra.

Bajo perfil, silencio, mantenerse en la sombra son buenas opciones para Alberto Fernández. Quizás así alguien olvide el desastre de su gobierno y terminen por no asociarlo con esa herencia nefasta que le dejó a su pueblo y que se llama Milei.

Fernández se especializó en la tibieza. Ni ni, decimos por aquí. Y la verdad es que en estos tiempos, más que en cualquier otra época, no se puede ser tibio.

Ya se dijo en el Apocalipsis: "Frío o caliente, porque tibio lo vomito".

Cósimo Mandrillo

 

 

 

 


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