Punto y seguimos | Shakira y el derecho al despecho

¿Qué diferencia a esta canción de despecho de Shakira de cualquier otra?

17/01/23.- ¿Por qué es sujeto de discusión y juicio?

Shakira saca un tema de despecho y la vuela del techo. Reaccionan enardecidas o admiradas las masas. Se oye la canción por doquier, lo conversan los vecinos, en tu casa, en la calle y prácticamente en todo el mundo de habla castellana. No hay quien no juzgue, a favor o en contra, con conocimiento de causa o sin ella: reina o dolida, digna o altanera, que si los hijos, que las buenas costumbres, que la Hacienda española, que por qué no se calla. La colombiana decidió exponer sus miserias en sus términos y con las masivas herramientas de las que dispone como cantante internacional, y, aunque sufra como cualquier mortal decepcionado de una relación amorosa lo cierto es que ella de ese trance, pasa factura y la cobra. En grande. 

¿Qué diferencia a esta canción de despecho de cualquier otra de las miles que se han escrito a lo largo de la historia? ¿Por qué es sujeto de discusión y juzgamiento? La respuesta fácil es que pelea de famosos siempre ha sido chisme en bruto, o que en esta sociedad interconectada donde opinar es gratis y argumentar no es requisito, los productos culturales que se consumen parecen diseñados para generar este tipo de reacciones que alimenten la maquinaria del business; pero esas no serían las únicas posibles explicaciones. Detrás del interés que va más allá de la recepción de un tema musical, o de la exposición pública de un asunto privado, quedan en evidencia comportamientos y valores muy marcados de nuestra sociedad hispanoamericana, como el racismo o el machismo. 

Una canción de desamor y su compositor o intérprete no suelen ser tan interpelados cuando son hombres, pero Shakira es mujer, y latina. Es una mujer que eligió contar su lado de la historia con una canción –cosa que ha venido haciendo a lo largo de sus mas de 20 años de carrera– en la que se desata y hace catarsis de su rabia, indignación y molestia, y le da hasta con el tobo a su ex, el futbolista catalán Gerard Piqué y a su amante Clara Chía. Saber quienes son los “salpicados” nos dice mucho de la reacción exagerada de sus detractores, pues en su mayoría son hombres y/o españoles, quienes “no pueden creer” como la cuarentona sudaca dispara sin piedad contra uno de sus hijos mimados y “se atreve” a ensuciar el buen nombre de la tercera en cuestión, también hija de ellos. Ardida, indigna, mala madre, evasora de impuestos, feminista de cuarta, fastidiosa y mal pegada es lo mínimo con lo que la califican por cantar su despecho. Que la colombiana se las cante y encima le paguen por ello, les da urticaria. 

La solidaridad de cuerpo que ha desatado el tema entre los varones de todas las edades y estratos es penosa y ejemplificadora de lo mucho que nos falta como sociedad para comprender la profundidad de las raíces del patriarcado. Los memes, las frases despectivas e irónicas con las cuales se atacan a todas las mujeres a partir del supuesto comportamiento inadecuado de Shakira, minimizan y esconden parte fundamental del asunto que es la denuncia del maltrato, la irresponsabilidad afectiva, la traición, el abandono y la burla como prácticas cotidianas en el relacionamiento amoroso, poniéndolas moralmente por debajo de la expresión de los sentimientos que este tipo de heridas causan en las personas, especialmente si viene de una mujer; porque no vemos semejante fervor crítico ante el mal manejo de la decepción amorosa cuando la expresan cientos de hombres asesinando a mujeres que los dejan, por ejemplo. Porque el femicidio, a diferencia de una canción, mata y es una realidad en aumento en todos los países de la región. 

Si Shakira canta despechada y miles se sienten reflejados/aludidos (¿quién no ha estado en al menos una de las tres posibilidades del triángulo?) el indicativo mas importante es que siguen siendo el amor y la decepción unos de los temas fundamentales en la existencia humana. Los juicios y las dobles morales del siglo XXI derivadas de escuchar su descarga, por otro lado, solo sirven para evitarnos avanzar en lo que verdaderamente importa, que son la igualdad de derechos y el respeto entre personas. Amor y traición seguirán habiendo, pero que a las mujeres se nos critique por atrevernos a expresar nuestros sentimientos “incorrectos” como el dolor o la ira a través de formas artísticas como la música, la escritura, la pintura o la danza y porque además recibamos remuneración económica o de cualquier tipo por ello, es claramente una injusticia y una vergüenza. 

 

Mariel Carrillo García

 

 

 

 

 

 


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